Foto: Especial
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Durante los últimos años, la celebración mexicana del Día de Muertos ha cobrado auge y se ha difundido en el mundo, apoyada por las recientes estrategias turístico-comerciales y producciones cinematográficas como Spectre (2015) y Coco (2017).

Sin embargo, su origen prehispánico ha sido cuestionado por algunos especialistas, contrariamente a lo que se propone en las versiones más conocidas de esta tradición.

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La historiadora Elsa Malvido (1941-2011), investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dedicó parte de su trabajo al estudio de la conmemoración de los difuntos en México.

A lo largo de su carrera, Malvido buscó el origen de las festividades de principios de noviembre y la forma en que fueron retomadas en México con la llegada de los españoles.

En sus escritos señaló que estos rituales se originaron en la Francia del siglo X —impulsados por el Abad de Cluny, quien decidió rescatar creencias más antiguas— pero que «los intelectuales mexicanos los volvieron prehispánicos y los antropólogos se lo han creído».

«En Sicilia, Italia, además de colocarse el altar de muertos, se tiene la creencia que los parientes visitan el hogar y traen juguetes para los niños, una tradición religiosa que proviene de una antigua usanza romana. Seguir pensando que [el Día de Muertos] es de origen prehispánico significa que no entendimos nada, puesto que es profundamente romano», subraya la académica en un boletín difundido en 2007 por el INAH.

En opinión de Malvido, el supuesto origen precolombino del Día de Muertos fue promovido en el periodo 1934-1940 por el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas con el fin de fomentar el nacionalismo y fue durante ese periodo cuando «a lo mexicano se le identificó con el grupo prehispánico más desarrollado a la llegada de los conquistadores, los mexicas, y a ellos se les atribuyeron ceremonias que ignoraron los 300 años de colonización española, un siglo de independencia y diez años más de revolución», se lee en el texto de su ensayo La festividad de Todos Santos, Fieles Difuntos y su altar de muertos en México.

«¿A qué viene todo esto?» —agrega— «a entender que los intelectuales de entonces rescataron y recrearon algunas costumbres populares coloniales, católicas y/o romanas paganas y les asignaron […] un sentido prehispánico y nacional difícil de probar, pero fácil de creer».

«Los grupos que sobrevivieron la Conquista» —explica Malvido— «al ser sometidos por la cultura occidental recogieron algunos de sus cultos pasados, con el fin de que los católicos justificaran los designios de su Dios al conquistarlos. Sobre todo los mayas y mexicas fueron quienes por medio de los frailes y conquistadores plasmaron sus ritos en anales y códices. Basándose en estas fuentes, la mayoría de los etnólogos, antropólogos y arqueólogos formados en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, apoyo incondicional de la ideología cardenista, han escrito sobre el día de los muertos participando de la idea “tradicional” del origen prehispánico de dicha costumbre. Cuando más, aceptan la posibilidad de un sincretismo con los ritos católicos y han intentado a toda costa meter el 1 y 2 de noviembre dentro de ese calendario ritual mexica».

La investigadora fallecida el 9 de abril de 2011 reconocía, sin embargo, que —independientemente del origen de estas celebraciones— los mexicanos tienen una relación cercana con la muerte.

«No es que me interese en particular desmitificar una falsa idea sobre el mexicano y su amor patológico por la muerte. La clave está en poner en su sitio, con bases documentales, serias, el cambio de las costumbres funerarias, para entender mejor por qué tenemos tal o cual actitud y no otra; para saber que la concepción de la muerte es producto de la imposición manipuladora que los grupos de poder tienen sobre nuestro ciclo vital y ser concientes de que los rituales, al igual que nosotros, son perecederos y modificables, pues de otra manera la antropología y la historia no tendrían qué hacer. Espero que con esta revisión tengamos más elementos para definir al mexicano y sus variadas actitudes hacia la muerte, en el tiempo y en el espacio».

La exposición de Malvido concluye afirmando que: «Los mexicanos del siglo XIX sufrieron dos separaciones, una de España y otra de la Iglesia; un siglo de guerras internas y de invasiones extranjeras; migraciones de países antes vetados; fueron favorecidos por el avance de la ciencia con la medicina preventiva y su lucha contra el contagio de las enfermedades que significó una nueva actitud sanitaria. Todo ello modificó una festividad de tres siglos de la cultura cristiana, convirtiendo la celebración de Todos Santos en un pretexto “democrático del Día de Muertos”, donde el acercamiento de los humanos a una muerte familiar y laica les permitió romper con ritos antiguos y crear otros nuevos depués de la Revolución, ni mejores ni peores, simplemente humanos, ante la temida muerte».

Con información del Instituto Nacional de Antropología e Historia