El Can mas grande en la historia de México. Foto: Especial
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“Su fecunda carrera a nivel internacional le ha dado fama, fortuna, pero lo mas importante, el cariño del público, que se entrega sin cortapisas al personaje que el tiene, con ustedes damas y caballeros: Don Pedro, El Perrooo Aguayoooo”

De los primeros recuerdos que tengo de mi infancia, se encuentra uno en el que un sábado por la tarde veo la televisión junto con mis hermanos, como cada semana nos reuníamos para ver la transmisión de lucha libre (ritual imperdible en mi casa).

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En esa ocasión se transmitía el evento “Homenaje a Dos Leyendas” del CMLL, el encuentro principal era la lucha de apuestas entre Universo 2000 y el Can de Nochistlan, El Perro Aguayo. 

Para mi corta edad no alcanzaba a dimensionar lo que representaba aquel luchador en el pancracio mexicano, sin embargo, el solo verlo desfilar por el ring me causaba cierta admiración por aquel hombre de botas peludas y cicatrices en la frente. 

El padre y su cachorro. Foto: Especial

Por azares del destino, aquella tarde me tocó presenciar su última lucha, en la que perdió su cabellera y quedó al borde del retiro; y de la muerte, a causa de un mortífero martinete aplicado por el menor de los dinamita. 

A pesar de sólo haber presenciado los últimos años de su carrera, con el tiempo comprendí que el Perro Aguayo era un hombre respetado y temido, que en todas sus luchas peleó con fiereza y era despiadado con sus contrincantes. 

Foto: Especial

“Meterse con el Perro Aguayo es firmar su sentencia de muerte” decía la gente en las arenas y tenían razón. 

Don Pedro Aguayo Damián nació el 18 de enero de 1946 en Nochistlán, Zacatecas. De padres campesinos, creció en condiciones de pobreza que lo obligaron a emigrar a Guadalajara. 

Foto: Especial

La necesidad lo hizo trabajar desde muy joven; fue panadero, zapatero, futbolista e incluso boxeador sin embargo, el dinero no le alcanzaba para sobrevivir, por lo que decidió convertirse en luchador. 

Fue entrenado por el Diablo Velasco, pasó por sufrimiento, llanto, lesiones hasta que en 1970 se le dio la oportunidad de debutar. Pero no fue hasta 1975 que su carrera se lanzaría al estrellato  al retar al ídolo más grande de la lucha libre mexicana, El Santo. 

Su actitud fiera y aguerrida obligaron al enmascarado de plata a volver a sus orígenes rudos para poder hacerle frente. Llegaron a la lucha de apuestas en la que Aguayo salió perdedor pero, gracias a su entrega total en el cuadrilátero se ganó su título de leyenda; además cometió el acto sacrílego mas grande en la historia de los encordados, hizo jirones la máscara del ídolo plateado. 

El sacrilegio. Foto: Especial

Se convirtió en un caso excepcional dentro del deporte espectáculo, ya que a pesar de perder su cabellera en más de 5 ocasiones, esta nunca perdió su valor. Si no que su entrega al defenderla le otorgaba más prestigio. 

En su vitrina posee más de 100 cabellera ganadas y alrededor de 20 máscaras,  entre las que se encuentran las de Máscara Año 2000, Konan, Stuka, Cien Caras y Sangre Chicana. 

Tales acciones lo llevaron a ser considerado por muchos y por un servidor como el luchador sin máscara más grande de la historia luchística.

A consideración propia fue la leyenda que se ganó su fama luchando únicamente en el ring, pues su participación en el cine fue escasa a comparación de los luchadores de su época. Forjó su historia en el cuadrilátero, a base de golpes, victorias y derrotas.

Amó este deporte como ninguno y supo comprender que aunque seas agradecido con la lucha libre, esta también puede ser dura y quitarte lo que mas amas, actitud que supo demostrar cuando le arrebato de sus brazos a su hijo más querido.

Sin embargo, la muerte de el Perro Aguayo Jr. y los estragos por tantos años de entrega pasaron a cobrarle factura. El pasado miércoles Don Pedro Aguayo Damián partió de este mundo, según informaron sus familiares, su muerte fue de causas naturales.

Con este suceso se cierra un ciclo en la lucha libre, pues, el ultimo ídolo que quedaba sobre esta faz ha partido. Ahora se encuentra entrando a la Arena Celestial victorioso, con su ya tradicional Marcha de Zacatecas de fondo, en el ring lo espera su hijo Pedro Aguayo Jr, pues hoy tienen pactada una lucha en los cielos en contra de sus acerrimos rivales el Santo y Universo 2000.

Adiós Perro, adiós, te vas de este mundo pero dejas en el corazón de los aficionados los recuerdos mas invaluables que puedan existir, los de un  hombre dar su vida por este deporte con el único objetivo de complacer al público y ese es el mayor regalo que se le puede dar de ofrenda a este amado deporte.