Foto: Especial
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Región Noreste.- Sin lugar a dudas, el 2020 ha sido un año bastante complicado para las actividades en el sector económico, el impacto negativo que han recibido grandes, medianas y pequeñas empresas ha sido bastante fuerte y en algunos casos los ha orillado a declararse en quiebra. Quienes han resultado más afectados dentro de este escenario son los miembros de la clase trabajadora, los cuales han tenido que soportar oleadas de despidos, reducción de horas de trabajo o recorte de sueldo.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), durante el periodo de pandemia que se ha estado viviendo, el porcentaje de la población económicamente activa (PEA) en México  se redujo en un 11.7% . Esta cifra se traduce a que alrededor de seis millones de personas en el país se encuentran en situación de desempleo, a consecuencia del impacto por la llegada del COVID-19. 

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En suma, las consecuencias no se remiten meramente a los problemas económicos, el vivir en el desempleo durante este periodo de contingencia ha tenido como resultado que dichas personas desarrollen problemas emocionales y psicológicos ante la frustración de no poder avanzar.

La presencia de cuadros de ansiedad, estrés y depresión se han vuelto cada vez más comunes para las personas que perdieron su empleo  a causa del COVID-19.

Esta problemática existe en la región noreste, las empresas instaladas en la zona se han visto en la necesidad de recortar personal o disminuir salarios, en muchos casos, los mismos empleados deciden renunciar para no exponerse al virus. 

Nayeli Hernández, una joven que durante unos meses vivió el desempleo en carne propia y que laboraba en una empresa del ramo automotriz que se ubica en el Parque Industrial de Querétaro. Ella platica a este medio de comunicación que dentro de su trabajo, comenzó a notar que cuando recién implementaron las medidas por la la pandemia empezaron a despedir a personal de su área justificándose en que habían excedido sus faltas o que su contrato estaba por terminar.

En sus palabras, comenta lo difícil que era  laborar en este escenario explica que: 

“Despedían a gente que apenas iban a cumplir sus 3 meses, como mi caso, solo que yo por el temor que se generaba de la pandemia y que era difícil guardar distancia ahí y el tener a mi padre con hipertensión, me dio pánico que decidí dejar el trabajo, porque como muchos pensábamos, que solo serían unas semanas y después todo volvería a la normalidad, me confie de los ahorros que tenía para ese tiempo.”

Agrega que dentro de su hogar residen cuatro personas y a inicios de año todos contaban con empleo, sin embargo, desde el inicio de la contingencia la única que conservó su trabajo fue su hermana, quien tuvo que hacerse cargo de todos los gastos de la familia durante los últimos meses.

Comenta que el tiempo en el que estuvo desempleada fue de poco más de 4 meses, de abril a finales de agosto. Explica que estuvo completamente estresada y un tanto frustrada, ya que como estudiaba y trabajaba el haber dejado el empleo la llevó a pausar sus estudios. Agrega que se dio de baja temporalmente y gastó sus ahorros durante ese tiempo, para aligerar gastos en la casa.

Su madre, recientemente estaba en busca de un empleo y con la pandemia de por medio no consiguió uno: Mientras que su padre, debido a la condición médica que padece fue “descansado” de su trabajo con goce de sueldo. Después a excusa de que se vencía su contrato y no podían regresarlo por ser “persona vulnerable”, le dieron término de contrato y no quisieron recontratar.

El estar en esta condición significó para ella un “bajón” emocional bastante fuerte, pues desde su perspectiva se sentía inútil de alguna forma sentía que ya no podría retomar su vida de antes aunque esto acabara.

“Y así fue ese tiempo de cuarentena gastando solo lo necesario, con mucha incertidumbre de que pasaría después, ya con mucha ansiedad y temor.” Finalizó.