Foto: Especial
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En el municipio de Escuinapa se cuenta que un chofer terminó en el hospital, luego del susto que le tocó vivir al enterarse que prestó sus servicios a una mujer que un año antes había perdido la vida.

Esta historia le corresponde a un taxista de la vieja guardia, a quien apodaban “El Calaveras”, y que ya hace algunos años falleció, después de dedicar toda su vida a esta labor.

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Según algunos compañeros taxistas, al famoso “Calaveras” le tocó esta vivencia en la década de los años 80’s, en una noche en la cual realizaba el ruleteo por las solitarias calles de Escuinapa.

Al llegar al cruce de las calles Gabriel Leyva y avenida De la Juventud, a escasos 100 metros de la entrada principal del panteón municipal Benito Juárez, le hicieron la “parada” en busca de sus servicios.

Aunque le pareció extraño encontrarse a una joven mujer sola y a altas horas de la noche, a las 12:00 aproximadamente, se detuvo y la subió a la unidad. Al cuestionar su destino la joven le respondió que la llevara a la iglesia, la cual se encuentra en pleno Centro de la ciudad. Al llegar al lugar señalado, la mujer descendió del taxi y le solicitó que la esperara porque entraría a rezar.

Aunque el templo en ese momento se encontraba cerrado, la joven mujer ingresó y después de varios minutos salió, se volvió a subir al taxi y le indicó al “Calaveras” que la llevara al sitio en donde la había recogido. Y aunque al chofer le pareció extraño, cumplió con su trabajo y la llevó.

Al llegar, la misteriosa pasajera descendió del taxi, por lo que “El Calaveras” le solicitó el pago debido. Fue ahí donde la mujer le respondió no traer dinero para pagarle el servicio, pero le solicitó una pluma y un papel, en el cual plasmó su firma y además le dió una prenda (anillo) como garantía, para que fuera a su domicilio a cobrar.

Al ser ya como la 1:00 de la mañana, “El Calaveras” optó por esperar a que amaneciera para ir a la casa de la mujer a cobrar el servicio, al llegar a este domicilio salió quien era el padre de la joven. Él le relató lo que había sucedido la noche anterior y le solicitó el pago.

El padre de la mujer, impresionado por lo que había escuchado y por mirar el papel con la firma de su hija y el anillo, que correspondía también a ella, su primer respuesta hacia “El Calaveras” fue que era algo imposible, ya que su hija, justamente ese día que se subió al taxi cumplía un año de haber fallecido.

Tras escuchar eso, “El Calaveras” se subió a su unidad con destino a su casa, en donde le contó a su mujer lo que había vivido y del susto se puso mal de salud, por lo que tuvo que ser llevado al hospital.

Luego de haber sido dado de alta, siguió con su oficio, pero jamás volvió a trabajar de noche, hasta el día en que falleció.

Cortesía de El Sol de Mazatlán.