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San Luis de La Paz.- Si de algo ha servido la llegada de la pandemia causada por el COVID-19, es para mostrar la preocupante situación de desigualdad que viven los diferentes niveles de educación en el municipio de San Luis de La Paz.

Las medidas sanitarias de prevención que aplicaron a mediados de marzo obligó a que todas las instituciones educativas se trasladaran de forma repentina a un formato de clases a distancia que aún no estaba adecuadamente preparado.

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De eso, ya han pasado 8 meses, se han ido implementado nuevas estrategias de trabajo para evitar a toda costa la deserción de los alumnos. Sin embargo, estas acciones no son suficientes para combatir la situación de precariedad que viven algunas familias. 

De entre los muchos casos que existen, es usual escuchar decir a los padres de familia que la razón por la cual sus hijos no cumplen con las actividades, es por que no cuentan con los dispositivos electrónicos necesarios para realizarlos, como lo son celulares, tablets y computadoras. 

Situación que es tristemente verdadera y que se agrava cuando padres de familia explican que tampoco tienen las nociones necesarias para poder utilizar dispositivos de este tipo. 

Pareciera que el modelo de clases a distancia se planeó pensando en un solo contexto y pasó por alto el hecho de que cada familia es una realidad diferente, con distintas complicaciones y diferentes carencias. 

Tal es el caso de la pequeña Juana Valeria, habitante de la comunidad de Purísima de Cerro Grande y que acude a la primaria de la comunidad de La Espiga. En un recorrido realizado por el delegado regional de la SEG, Héctor Montes, se dio con el paradero de esta niña, la cual según reportes de sus maestros no había entregado varios de sus trabajos escolares.  

Al llegar al hogar de la joven estudiante, se pudo observar que en lugar de estar en casa realizando sus actividades de clase, se encontraba ayudando a sus padres en el negocio familiar, el cual consiste en la elaboración de tabiques.

Aspecto  que resulta sumamente triste, pero que es la realidad de muchas niñas y niños en la región.

Según palabras de la madre de esta pequeña, ella no puede realizar sus estudios debido a que no cuenta con los libros de texto, que por derecho le debieron ser entregados a inicio del ciclo escolar. Además, hasta hace unas semanas no contaban con un teléfono celular que les permitiese contactarse con los maestros, aunado al hecho de que tampoco sabían cómo usar uno.

Para agravar la situación, la madre de la alumna explicó que otro de sus hijos enfermó de COVID-19 a mediados de agosto,lo que provocó que se perdieran las primeras semanas del ciclo escolar. Sumado a que hace casi un mes que ambos padres creen que contrajeron el virus y tuvieron que estar confinados.

El escenario que se vive en cada familia es diferente, este período fungió como un catalizador para mostrar y agudizar la preocupante situación de desigualdad que viven cada alumno y alumna en los distintos niveles de educación básica. Hay mucho por mejorar y este es un trabajo en el que se deben encargar tanto autoridades educativas como padres de familia.

En la región noreste, la delegación de la SEG y autoridades de los distintos municipios han colaborado con la entrega de cuadernillos de trabajo o el reparto de útiles escolares con la finalidad de sustituir algunas de las actividades de las clases a distancia. Acción que es una alternativa viable para evitar el rezago y la deserción, que sin embargo no es una solución definitiva para la situación de desigualdad existente, pero que contribuye a que los alumnos salgan adelante.