Pedro Sánchez, primer ministro español y principal candidato del PSOE durante un mitin de campaña en Barcelona. Foto Afp
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Redacción/La Jornada

MadridLa recta final de la campaña electoral estuvo marcada por los llamamientos de los partidos políticos “al voto útil”; que para unos -el bloque de la izquierda- es impedir la llegada a las instituciones de la extrema derecha encarnada en la formación emergente Vox, y para otros -el bloque de la derecha- significa concentrar el mayor número de votos en una de las siglas para impedir la dispersión. Pero sobre todo la incertidumbre y el nerviosismo se apoderó de los equipos de campaña, al concurrir a las que previsiblemente serán las elecciones más fragmentadas de la historia del país y con un elevado porcentaje de indecisos -más del 30 por ciento-, que podrían decantar a un lado o a otro el resultado final del próximo domingo.

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Los mensajes ya están dichos y redichos. Han recorrido plazas, pueblos, parajes distantes de los centros del poder. Se han fotografiado con animales, con ciudadanos de la calle, han hecho deporte, han firmado libros en ferias a las que normalmente no van. Todo por la batalla de los votos. Por alcanzar el mayor número de escaños posibles en los comicios del próximo domingo, en los que está en juego el futuro gobierno de España.

La convocatoria de estos comicios ha estado rodeada de circunstancias inéditas. De entrada el gobierno del socialista Pedro Sánchez tan sólo lleva diez meses en el poder, una vez que asumió el cargo en una histórica moción de censura a su antecesor, el derechista Mariano Rajoy, tras el hartazgo de la mayoría de los grupos parlamentarios por los numerosos y gravísimos casos de corrupción en el sede del derechista Partido Popular (PP). Una alianza fugaz que concentró a los partidos de la izquierda -el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos (UP)- y prácticamente todos las fuerzas nacionalistas o periféricas. Pero el gobierno se rompió cuando los independentistas catalanes se negaron a aprobar los presupuestos generales del Estado, lo que significó en la práctica el adelanto electoral.

El todavía presidente del gobierno y aspirante del PSOE, Pedro Sánchez, parte como favorito en las encuestas, pero si se cumplen los pronósticos no superará los 140 escaños, en la versión más optimista. Es decir que para lograr superar la sesión de investidura necesitará del apoyo de otras fuerzas, para lo que ya cuenta con el soporte de UP, la formación emergente liderada por Pablo Iglesias, que desde su irrupción en el mapa político español en el 2015 ha tenido un ascenso vertiginoso y ahora, si se cumplen los sondeos, se augura un descenso también vertiginoso. Se prevé que UP pasará de tener 75 escaños a menos de 35, es decir que podría perder la mitad de sus apoyos.

En los últimos actos de campaña, el socialista Sánchez insistió en solicitar “el voto útil” porque “el PSOE es el único que puede cerrarle el paso a la extrema derecha”. Y así lo ha repetido hasta la saciedad. E incluso se comprometió, como no había hecho hasta ahora, a que su gobierno estará abierto a la incorporación de líderes de UP, quienes por su parte advierten a sus seguidores que para “garantizar un verdadero gobierno de izquierda” la única opción viable es la formación morada.

Lucha descarnada en la derecha

Pero sin duda la lucha más descarnada y abierta se está registrando en el espectro ideológico de la derecha. Por primera vez en la historia este sector de la población tendrá hasta tres grandes partidos para elegir: el histórico y hasta hegemónico PP, el emergente y liberar de Ciudadanos (C´s) y el de extrema derecha Vox. De los tres el que más gente reúne en sus mítines es con mucha diferencia Vox, cuyo líder, Santiago Abascal, ha elaborado un discurso simple pero efectivo en el que llama a la defensa de “España” frente a la amenaza separatista de Cataluña y el País Vasco, y también frente a la “dictadura progre” y la “dictadura feminazi”.

De hecho en sus últimos actos en Sevilla, Valencia y Madrid congregó a decenas de miles de personas que portaban banderas de España y gritaban sin cesas “yo soy español, español, español”… Un anuncio de lo que viene. Y la confirmación de que Vox se convertido en un movimiento masivo e imprevisible.

Mientras que los candidatos de PP, Pablo Casado, y Albert Rivera, de C´s, también cerraron la campaña en Madrid y ambos hicieron el mismo llamamiento de votar a sus siglas para evitar la dispersión, que sólo beneficiará, según ellos, a una eventual reelección del socialista Pedro Sánchez, a quien a lo largo de estas dos semanas de campaña le han acusado de “traidor”, de “mentiroso” y sobre todo de estar vendida a la causa independentista. Un reflejo más de la polarización y la crispación que se augura para el día después de los comicios.

Con información de La Jornada