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Parte I

Por Ernesto Mendez…

Atarjea, Gto. “Le vamos a cortar un brazo a tu Papá, si no nos das el dinero”, le gritan los secuestradores mientras lo siguen golpeando y en otro rincón del tejabán le vociferan al padre anciano, dinos cuánto dinero tienes o te vamos a traer el brazo de tu hijo para que lo mires…

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Don Esteban hombre ya de más de 70 años ya cansado de andar y andar por la vida en busca del sustento de su familia, poco es lo que les puede responder, apenas si les dice: “yo ya soy un anciano, yo ya ni siquiera puedo hacerme entender con ustedes”, mientras sigue mirando hacia la tierra como se lo han ordenado.

El miércoles pasado recién comenzaba la mañana en la comunidad del Carricillo en el Municipio de Atarjea, cuando Don Esteban y su hijo Eliseo salieron rumbo a su parcela como acostumbraban hacerlo todos los días, se subieron a su camioneta y se fueron hacia la milpa, no hubo instinto natural que les advirtiera de lo que les esperaba apenas llegaran al campo.

En cuanto llegaron a la entrada donde tiene sus tejabanes para guardar sus arreos de trabajo, tres hombres encapuchados y armados con una pistola y largas cuchillas, los rodearon y les ordenaron bajarse del vehículo en que viajaban.

De pronto, lo único que ellos pensaron fue que eran militares o marinos, por la forma en que venían vestidos con uniformes de campaña parecidos a los que usan los solados o marinos, por lo que de momento pensaron que se trataba de un operativo o algo parecido.

Sin embargo, una vez que los bajaron les dijeron que les dieran las llaves del vehículo y que abrieran la puerta de la entrada de su tejabán, para que uno de los secuestradores metiera la camioneta de la que se habían bajado.

Una vez que los metieron los separaron y ahí fue donde comenzó el tormento “Hey wey dime cuánto dinero tienes” “Hey wey ya sabemos que te dedicas al piñón”, las amenazas parecían perfectamente sincronizadas, sólo que separadas por varios metros de distancia unas de las otras.

Para ese entonces ya Don Esteban y Eliseo tenían muy claro que no eran ni soldados ni marinos, sino que se trataba de unos delincuentes que los habían retenido contra su voluntad, con la finalidad de quitarles lo poco que tenían de dinero.

“Déjenme orinar” les dice Don Esteban. No, le responde de forma autoritaria uno de los captores, anda y dinos cuánto dinero tienes, si no quieres que traigamos el brazo de tu hijo para que lo mires, el hombre anciano ya sin fuerzas para estos trances de la vida, sólo atina a decir otra vez “Déjenme orinar” y le responden, sí quieres has ahí donde estás sentado, al pobre viejo no le queda de otra que ahí mismo hacer sus necesidades.

Pero su edad y cansancio no es impedimento, para que sus captores le sigan exigiendo les diga todas las posesiones que tiene y vuelven a insistir que le van a cortar el brazo a su hijo, él ya no sabe qué más decir, más que no tiene dinero.

En el otro extremo se encuentra Eliseo, a él no le está yendo menos mal al tiempo que le exigen le diga cuánto dinero tiene lo golpean en la cabeza, y él sólo les responde que ahorita no tiene, porque apenas llevó su mercancía y no se la han pagado .

Pero eso poco o nada le importa a los delincuentes, quienes vuelven a golpearlo en la cabeza, además de decirle, “Mira wey sí no nos dices le vamos a cortar el brazo a tu papá”, el mismo tormento que le estaban haciendo a su padre en ese mismo momento.

De tanto y tanto que le preguntan, Eliseo se imagina una cantidad y se las dice, ellos le creen a ojos ciegos y lo mandan por el dinero, él todavía les pide prestada la camioneta para ir pronto, porque está lejos su casa y le dan las llaves para que no se tarde.

Pero una vez en el rancho, Eliseo no pensó ni por un momento en tratar de buscar o conseguir dinero, para pagar en ese momento el rescate de su padre, no, él le avisó a todos los que pudo de su comunidad, quienes le dijeron tu ya no vas ir, nosotros vamos por Don Temo, como así le dicen a Don esteban.

Y todos los que se pudieron reunir en ese momento Del Carricillo salieron rumbo a la Parcela de Don Temo, para intentar rescatarlo y sí se podía también atrapar a los delincuentes y como ellos mismo dicen, no les iban hacer caricias sí los lograban detener.

Mientras los campesinos subían enardecidos las laderas, los captores se decían unos a otros, se está tardando mucho, se está tardando mucho, uno de ellos por fin dijo ya viene, pero no viene solo, vienen muchas camionetas, mejor vámonos y comenzaron a correr cerro abajo.

Sin embargo, antes de salir corriendo le dijeron a Don Esteban, vamos a regresar a matarte, amenaza con la que ahora vive y comparte con su familia… Él platica lo vivido, sus hijos que lo rodean alrededor de la mesa, sólo lo miran, no dicen nada, sólo lo ven y se quedan pensando…